martes, 28 de abril de 2020

Manuel Gallego. Testamento de un sonsecano comisario de la Inquisición.

La figura del comisario de la Inquisición es una de las más importantes dentro del Santo Oficio.  Representa al inquisidor en el territorio al que ha sido asignado. Cuando la Inquisición alcanza una amplitud territorial considerable, haciéndose difícil el control efectivo de los inquisidores, los comisarios se convierten en unos de los pilares fundamentales de la estructura. De su ministerio dependen notarios, alguaciles y familiares, a los que nombra en muchas ocasiones formando con ellos una especie de prolongación de los tribunales locales. Tiene mucho prestigio social, gozando de inmunidades y privilegios: fuero y garantía de limpieza, pues el cargo de comisario es de confianza   y de linaje sin tacha.
            El presente artículo trata de uno de esos comisarios, el sonsecano Manuel Gallego Perezagua, nos consta que tenía ese cargo en 1787, también sabemos de su pertenecía al Santo Oficio por la partida de defunción de su primera mujer, Ana García de Blas, donde pone textualmente: “casada con Manuel Gallego, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Toledo”.

            Manuel nació en Sonseca en 1737, era hijo de Juan Gallego y de Feliciana Perezagua. Se casó en primeras nupcias con Ana García de Blas con la que tuvo cuatro hijos, Antonio, Matías, Martina y Juana y en segundas nupcias con Anselma Fernández con la que tuvo otros  cuatro, Manuel, Francisco, María y el último póstumo del que no sabemos el nombre. También por el “Catastro de Ensenada” se sabe que su familia tenía dos casas en el barrio de Malpica, además de tierras de regadío en una zona cercana al actual Calvario,  otra tierra de secano y noventa y tres carneros, dos jumentos y tres cerdos.
            No sabemos mucho más de él aparte del testamento que dejó, acorde con su posición social. Por lo general las partidas de defunción de los libros Parroquiales apenas ocupan unas cinco o diez líneas como mucho, pues bien en el presente caso son dos hojas.
            Manuel, falleció el 17 de Enero de 1816, la partida empieza  por detallar los hijos que tiene y las dos mujeres con las que estuvo casado. También nos dice en que parte se enterró, hay que tener en cuenta que en esa época se enterraba dentro de la Iglesia y la posición social era determinante para saber el lugar, por ejemplo en este caso fue en la Capilla Mayor, si hubiera sido pobre seria en la entrada de la Iglesia.
            El testamento lo hizo 6 años antes, concretamente el 22 de Julio de 1810 ante el notario de la villa, y decía lo siguiente:
            “que su cuerpo lleve habito de San Francisco y en una caja ataúd (había gente que se enterrara sin caja), que se le sepultara con su primera mujer y si no hubiese sitio, lo más cerca posible de ella.  Que asistan a su entierro siete sacerdotes, celebrándose misa cantada y de cuerpo presente. Que enseguida de su fallecimiento se haga un novenario de misas rezadas y la última cantada con diáconos, vigilia y misa de difuntos. Que al cumplir un año de su fallecimiento se celebre un aniversario de misa cantada con diáconos y vigilia. Que se dispongan por su alma e intenciones seiscientas misas rezadas por cargos y descargos de su conciencia y penitencias mal cumplidas, veinte por Ana su primera mujer, veinte por sus padres, diez por la animas benditas, dos por sus suegros padres de sus dos mujeres, dos votivas, una para el Ángel de la Guarda, Santos de su nombre, Santísima Trinidad, Cristo de la Cruz a cuestas, Ntra. Sra. De los Remedios, Concepción, Salud, Dolores, Santo del día de su fallecimiento, San Antonio de Padua, San Antonio Abad, San Miguel, San Francisco de Asís, San José y Santa Barbará. Una misa a cada imagen todas de limosna de a 4 reales.”
                Termina el testamento dejando de herederos a todos sus hijos incluido el póstumo y a su segunda mujer. El entierro costó 160 reales.